Hasta siempre Dr.C. Pedro Herrera Oliver

Cuesta trabajo escribir en momentos difíciles, pero es indispensable dejar para la historia el recuerdo de un científico eminente el Dr.C. Pedro Herrera Oliver, quien dedicó toda su vida a conocer las particularidades que nos muestra la naturaleza a través de la flora.

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Desde estudiante lo atraía la Botánica, sus misterios y diferencias entre los grupos taxonómicos. La flora ornamental lo cautivó y la Botánica Sistemática lo llevó a conocer en detalle los diferentes Sistemas de Clasificación. La taxonomía, la nomenclatura, el latín botánico no le fueron ajenos, todo lo dominaba a la perfección, de ahí que fuera el consultor por excelencia de todos los que de una u otra forma hemos incursionado por esta especialidad y otras afines.

Se inició como profesor en la Facultad de Biología (de donde es fundador), de la Universidad de Oriente; fue el “profe” venerado por sus alumnos. Impartía las clases en el campo, dejando en ellos su impronta, su manera de decir y el amor a la naturaleza.

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Regresa a La Habana después de cumplir el Servicio Social en la citada Universidad y el Lic. Onaney Muñiz Gutiérrez, director del Instituto de Botánica de la Academia de Ciencias, lo convence y se incorpora a ese centro en el Departamento de Botánica Sistemática, en el grupo del Herbario, que radicaba en Santiago de las Vegas, realizando una fructífera y destacada labor reconocida por sus superiores, compañeros de trabajo y otros colegas nacionales y extranjeros que requerían sus servicios.

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Es fundador del Instituto de Ecología y Sistemática (IES), donde formó parte del claustro de profesores de la Maestría “Ecología y Sistemática Aplicada”, Mención Sistemática y Curatoría Vegetal.

Su superación siempre la tuvo presente y de forma autodidacta o recibiendo cursos fue avanzando, hasta obtener el grado de Dr. en Ciencias, que pudo haber logrado mucho antes.

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En trabajo de campo era excepcional y hubo ocasiones que, al regresar en el jeep por caminos muy peligrosos, algunos temblábamos y el sacaba un “radiecito” y oía música y cantaba, sin miedo aparente.

Conocedor de la flora de Cuba, su ecología y distribución atendiendo a las formaciones vegetales. Especial atracción sentía por la Familia Asteraceae (Compositae), del cual era su especialista, reconocido por colegas que estudian el grupo en otras latitudes.

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Pero, ¿Quién fue Pedro Herrera?, así tan simple…, un buen hijo que adoraba a su corta familia, el padre los dejo muy pronto, cuando laboraba en Santiago de Cuba; su tío que entrañablemente lo quería y guiaba y su madre “mama Rita” que fue todo para él, vivían el uno para el otro…, al perder a sus seres queridos y quedar solo todos sus colegas del IES y de otras instituciones, así como vecinos, fuimos su familia.

Era querido, respetado y admirado por su carácter afable, honestidad, incapaz de ofender, por su entrega al trabajo, su disposición para escuchar y ayudar a todo el que buscaba su consejo u orientación.

Fue un hombre sencillo, muy culto, honesto, cabal, desprendido, muy observador, cooperativo, buen compañero…muchos atributos lo adornaban, en resumen, un ser humano excepcional.

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Lo caracterizaba su “ah bueno” (con un deje peculiar), lo mismo si estaba de acuerdo en algo o si se sentía disgustado; además de su despiste. Era espontaneo, decía y hacia lo que pensaba, sin complejos. Poseía buen sentido del humor.

Le apasionaban la música, las películas y conocía a sus actores y actrices (sobre todo las del cine del ayer), la lectura de buenas obras y la cocina en general. El cigarro y el café fueron su deleite en la mayoría de sus años de vida, lo que tuvo que cambiar por una buena infusión, que también asimilaba.

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Su conocimiento sobre la Botánica cubana fue inmenso, para muchos de nuestro colectivo lo calificamos como el “más técnico”, porque ante la consulta sobre una planta su respuesta era contundente, no solo la identificaba, te aportaba además su sapiencia en cuanto a historia, localización, filogenia y si era un taxón nuevo la diagnosis y descripción botánica en latín no faltaba en su colaboración o respuesta de manera desinteresada; por eso su obra como autor principal no es vasta, entregaba todo su saber en las coautorías que todos le reconocen. Taxónomos cubanos y foráneos le han dedicado diferentes taxones como tributo a sus aportes en esta ciencia.

El colectivo del Instituto de Ecología y Sistemática (IES) y del Instituto de Geografía Tropical (IGT), centros donde laboró, siempre lo recordarán y le rendirán merecido homenaje.

La vida lo recibió un 29 de junio y lo despidió un 11 de febrero.

Siempre estará entre nosotros este insigne botánico, eminente científico, con tantos valores que me inclino a decir, la ciencia ha perdido un genio.

 “Honor a quien honor merece”

Por: Dr.C. Maira Fernández Zequeira